| Un tren de pies ligeros |
| por
Ivett Rangel |
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En cada estación siempre hay
quien reciba al Chepe; unos con cámara en mano para captar todo detalle; otros
con comida y artesanías para vender. Su nombre es Chihuahua Pacífico, pero
aquellos que le conocen le llaman simplemente Chepe, a propósito de sus
iniciales (CH-P), y lo hacen con un dejo de cariño. |
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A sus 45 años, además, este tren
presume su título de "El Señor de las Barrancas", gracias a que recorre la
Sierra Madre Occidental con bríos y sin prisa dos veces por día. En sus viajes
de Chihuahua a Los Mochis, y viceversa, cruza diariamente la belleza de las
Barrancas del Cobre, el complejo geológico más importante de México, uniendo a
dos estados. |
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Su puntualidad es imprecisa,
depende de qué se le cruce en el camino: nieve, derrumbes, vacas o cualquier
imprevisto que le pueda retrasar... Pero si ya se comprometió ha recogerte en
alguna de las nueve estaciones turísticas, jamás te abandonará. |
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El Chepe se anuncia mucho antes
de que logres verlo: en las voces de los serranos que avisan su cercanía, en los
ladridos de los perros que se vuelven locos con su sonido o con su propia voz de
silbato que grita al llegar. |
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Esta vez camina ligero, como los
rarámuris. Viene únicamente con cuatro carros: dos de pasajeros, el bar y el
comedor, aunque hay ocasiones que arrastra hasta con siete. |
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Este tren de pasajeros, el más
antiguo de México y uno de los tres turísticos que hay en el País, junto con el
Tequila Express y el Expreso Maya, presume su vestido color de sierra; verde
obscuro con detalles en naranja y rojo. La máquina, por su carmesí, recuerda el
paliacate que los rarámuris amarran a su cabeza. De hecho, así es como éstos
delatan su presencia en las barrancas, por el colorido de sus ropas. |
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La edad parece no pesarle al
Chepe, pues recorre diariamente 653 kilómetros de Chihuahua a Sinaloa por un
camino que se dice tiene más de 100 años. Alrededor de 14 horas le lleva llegar
de un estado a otro. |
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En cada estación siempre hay quien lo reciba; unos con cámara en mano para
captar todo detalle; otros con comida y artesanías para vender a los invitados
de ese día. |
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¿Qué hace que este viejo hecho de
madera y hierro se detenga en su recorrido? El otro Chepe, que viaja en
dirección contraria sobre la misma vía. Uno debe ceder el paso al otro en algún
punto indefinido del trayecto. |
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De Chepe a Chepe |
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A las 6:00 horas sale, con rumbo
a Sinaloa, el primero del día: el Primera Express, un tren con comedor donde
puedes ordenar desde un omelette hasta un corte de arrachera o pollo a la cordon
blue, y un bar donde sirven desde una cerveza hasta un whiskey; ambos carros con
alfombra. Tiene 12 paradas predeterminadas y viaja lentamente para disfrutar del
paisaje. |
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Una hora después, sale el otro
Chepe, el de Clase Económica que, en comparación, cuenta sólo con un carro donde
se venden bebidas y botanas. Éste se detiene en cada pueblo donde haya
pasajeros, es decir, que puede parar hasta 37 veces, lo cual no impide que
llegue con escasos minutos de diferencia del otro, pues corre más rápido. |
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Además, el precio de cada tramo es de hasta un 50
por ciento inferior. Los locales pagan casi 38 pesos por cada 120 kilómetros. |